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DICCIONARIO DE CONSTRUCCIÓN Y RÉGIMEN
de la lengua castellana
de Rufino José Cuervo
reeditado por el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá

El Diccionario de Construcción y Régimen de la lengua Castellana, de Rufino José Cuervo, se publicó por primera vez a fines del siglo pasado (1886-1893) en París. La iniciativa del Instituto Caro y Cuervo de Bogotá de publicarlo nuevamente en 1994 es encomiable, ya que este diccionario clásico, que mereció en su tiempo los elogios de lingüistas y filólogos tan importantes como Hugo Schuchardt y Gastón Paris, entre otros, es comparable por su método al Littré para el francés y al de Oxford para el inglés.

La diferencia es que Cuervo eligió voluntariamente un vocabulario restiringido (y en eso recuerda en cierta medida al poeta francés Malherbe, que se propuso descartar de ese idioma palabras a su juicio superfluas). Sin embargo, el tratamiento exhaustivo que reservó a las muchas voces que consigna, tanto a nivel semántico como gramatical y sobre todo histórico y filológico, hace de su obra un útil imprescindible para todo aquel que desee profundizar sus conocimientos sobre tal o cual palabra del acervo hispanoamericano.

Las fuentes que utilizó el autor superan las trescientas, y las citaciones que brinda para cada entrada son tan numerosas como ilustrativas, lo que les da un valor exhaustivo a ambos niveles. En cuanto a las obras literarias, filosóficas, teológicas etc., éstas van desde Berceo (siglo XIII) hasta prácticamente el momento en que compone su opus, o sea fines del XIX. En lo que respecta a los estudios lexicográficos, etimológicos y técnicos, es de observar su juiciosa decisión de no limitarse a los clásicos, sino echar mano también, cuando es necesario, a aquellos que consignan las formas populares. Tal es el caso del Glossaire des mots espagnols et portugais derivés de l'arabe compuesto por Dozy y Engelmann, cuyo aporte a la etimología castellana es capital no porque trate de esa lengua como fuente importante de palabras castellanas, sino porque consigna también las voces que penetraron el vocabulario español a partir del árabe dialectal y no forman parte de la variante clásica de ese idioma.

Evidentemente, Cuervo trae todas las entradas en la versión generalizada y normativa para su época (que es la que usamos aún hoy, en la mayoría de los casos) y no necesariamente la posterior: el siglo XIV dice mester cuando en el XV se usa menester, que es la forma que encontramos en la obra; por el contrario, en el siglo XVIII, se pueden encontrar formas como ayuntar, siendo que en el XVI la forma era juntar, y es precisamente ésta, más antigua pero más usada, que trae nuestro Diccionario. Sin desdeñar por supuesto las variantes y formas diacrónicamente precedentes, detalladas en el aparato etimológico.

Pablo Kirtchuk